60 años de OVNIs: 1947-2007

Capítulo I: La visión de Kenneth Arnold

por Guillermo León

Página 1 2 3

Aquel martes, 24 de junio de 1947, a las dos de la tarde, Kenneth Arnold, un hombre de negocios de Boise (Idaho) volaba en su avioneta particular de Chehalis a Yakima (Idaho), en el estado de Washington. No efectuó el vuelo en línea recta, pues se entretuvo buscando los restos de un avión de transporte de la Marina que había desaparecido, y que se suponía había caído en la ladera suroccidental del monte Rainier.

Cuando se hallaba a una altura de unos 2.800 metros, Arnold que volaba en una atmósfera limpia y transparente, vio una sucesión de destellos hacia el norte del monte Rainier. Mirando con atención a la izquierda, vio a una hilera de nueve objetos brillantes y al parecer metálicos, que evolucionaban a la altura de los picos cubiertos de nieve.

Tenían forma de 'boomerang' y parecían estar unidos entre ellos por un vínculo invisible, pues cada dos o tres segundos oscilaban y cambiaban de rumbo de una manera simultánea.

De momento Arnold los tomó por aviones a reacción, probablemente algún prototipo experimental. Sin embargo los reflejos y destellos siguieron llamando su atención. A los pocos momentos los nueve objetos se destacaron claramente sobre las nieves brillantes del monte Rainier, y entonces comprobó que aquellos objetos no tenían 'cola'. Sin embargo, aún siguió creyendo que podría tratarse de un nuevo tipo de reactor.

Tomó dos puntos de referencia sobre los montes Rainier y Adams, respectivamente, calculó su velocidad y la distancia que se encontrarían. Así llegó a la conclusión de que su avioneta estaba a unos 40 kilómetros de distancia de las 'extrañas máquinas' y que la velocidad de las mismas era de casi 2.000 kilómetros por hora.

También le pareció que eran de enorme tamaño y les atribuyó las dimensiones aproximadas de un C-54, un cuatrimotor bastante respetable en cuanto su talla.

Continuando su observación, comprobó que cuando el primer objeto cruzó sobre las cumbres que se extendían entre el monte Rainier y el monte Adams, el último de ellos pasaba sobre la cresta norte de la cordillera, lo que le permitió calcular que la hilera entera de 'extrañas máquinas' cubría una extensión de al menos 8 kilómetros.

Intentó seguirlos con su avioneta durante unos tres minutos, pero poco a poco fue perdiéndolos de vista.

Kennet Arnold, pilloto con más de mil horas de vuelo a bordo de su pequeño monomotor, no imaginaba que tras el 24 de junio de aquel año 1947, su nombre se convertiría en el de aquel que inauguró la era moderna del 'mayor enigma de todos los tiempos': el de los OVNIs o platillos volantes -como se conocerían a raíz de este momento-.

Una vez aterrizó en Yakima, contó la experiencia vivida al comandante del aeropuerto.

Pero la noticia no iba a quedarse solamente entre dos personas, pues el piloto voló después hasta Pendleton (Oregón), donde nada más aterrizar, algún periodista esperaba ya impaciente una declaración.

Ya al día siguiente, en sus declaraciones a un periódico de Pendleton, Kenneth dijo una frase que pasaría a dar nombre a los extraños objetos que a partir de entonces se verían masivamente por todo el mundo: "volaban como platos saltando sobre la superficie del agua".

La prensa, después, en un error histórico, dio el adjetivo "platillo" a la forma de los objetos, y no a su manera de volar, que era a lo que realmente se había referido Kenneth. Así nacían los "platillos volantes". Un nombre, que por su aparente ridiculez, contribuyó después a forjar aún más el rechazo de la ciencia hacia el gran enigma de los OVNIs, como más acertadamente, pasaron a llamarse en años posteriores.

Continúa > >

Página 1 2 3