«Conspiración en la Luna»

por José Lesta

Página 1 2 3

“Michel Ardan creyó reconocer una aglomeración de ruinas que señaló. Era aproximadamente en el paralelo ochenta a los treinta grados de longitud. Aquel amontonamiento de piedras, bastante regularmente dispuestas, representaba una vasta fortaleza que dominaba una de aquellas anchas ranuras que antaño servían de cauce a los ríos de los tiempos antehistóricos.

No lejos, a una altura de cinco mil seiscientos cuarenta y seis metros se elevaba la montaña anula de Short… por debajo divisaba las murallas desmanteladas de una ciudad; aquí el dovelaje aún intacto de un pórtico; allí, dos o tres columnas acostadas sobre su basamento; más lejos, una sucesión de cintras que habían debido soportar los conductos de un acueducto; además, los pilares derruidos de un gigantesco puente, metido en el espesor de la ranura”. (Julio Verne, Alrededor de la Luna, 1870)

¿RUINAS EN LA LUNA?

Este pasaje de la novela de Verne, “Alrededor de la Luna”, es quizá uno de los más arriesgados. En él, su valeroso protagonista cree observar lo imposible… una ciudad selenita en una zona concreta de nuestro satélite.

Una aventurada propuesta para un escritor visionario que adivinó cual sería el país que cien años después intentaría la proeza de caminar sobre nuestro satélite así como detalles tan nimios como la zona de lanzamiento, el lugar de caída de las naves Apollo en el océano Pacífico, o las medidas, pesos y materiales de las cápsulas lunares, entre otros cientos de datos absolutamente increíbles como la propulsión por cohetes en el vacio. Todo ello en una época (1864) en que la electricidad era tomada por un divertimento de feria y no existía el coche o la radio.

Lo cierto es que, novelas aparte, muchos investigadores sostienen la fantástica teoría de que lo que en realidad se toparon los astronautas en la Luna fueron ruinas. Extrañas formaciones cercanas al lugar de aterrizaje, y no sólo en la primera misión lunar sino también en algunas de las siguientes. Se basan para ello en conversaciones entre los astronautas de dudoso origen, donde supuestamente Neil Armstrong parece estar viendo algo maravilloso; algo de lo que sin embargo parecen tener constancia en el centro de control de Houston. Estos investigadores también suelen apoyarse en el hecho de que la frecuencia cardiaca de Neil Armstrong, considerado uno de los pilotos más fríos del mundo, ascendió hasta las 178 pulsaciones por minuto durante su tranquilo paseo lunar.

Sabemos que Edwin Aldrin, su compañero de aventuras espaciales desconectó la telemetría de los biosensores que debían emitir sus constantes vitales a la Tierra nada más alunizar en el Mar de la Tranquilidad. Por cierto, esa información médica estaba contenida en las famosas cintas que aportan las filmaciones originales del histórico paseo lunar pero, como muchos lectores sabrán, en el verano del 2006 se certificó la desaparición de la mayor parte de las mismas. Es más, los únicos aparatos en el mundo que pueden decodificar de nuevo esa valiosísima información se encuentran en el Data Evaluation Lab (DEL), que fue clausurado en octubre del 2006. Desde luego, una curiosa casualidad.

En cuanto a las controvertidas y supuestas “ruinas”, las más famosas “estructuras” lunares son las llamadas agujas de Blair - ver fotografía nº2- u obeliscos de la Luna. Fotografiadas el 20 de noviembre de 1966 por la sonda estadounidense Lunar Orbiter 2 a 35 kilómetros de altura del satélite, muestran lo que aparentan ser unas hileras de obeliscos o monolitos que ofrecen sombras muy picudas.

Se encuentran en el extremo oeste del Mar de la Tranquilidad, la amplia zona donde alunizó tres años después la nave Apollo 11. Las fotos se mantuvieron convenientemente olvidadas hasta que, en julio de 1970, el analista fotográfico William Blair, del Boeing Institute of Biotechnology, las descubrió y se las mostró a la prensa mundial. Muchos estudiosos creen que los ocho monolitos están ordenados según un patrón geométrico.

Uno de los testimonios más interesantes sobre este espinoso asunto, aunque también bastante difícil de admitir, es el de Alan Davis. Este ingeniero electrónico por la Universidad de Hawai comenzó a trabajar en la NASA en 1959, un año después de su creación, manteniéndose en ella hasta 1973, coincidiendo con la finalización del programa lunar. Después pasó a desempeñar el cargo de director en varias estaciones de radar. A principios de la década de 1990 fue nombrado director de la multinacional americana ITT en España.

Pero lo que realmente da valor a sus opiniones es el hecho de que durante las misiones lunares estaba situado en un lugar estratégico como testigo de excepción. Desde su puesto en la isla caribeña de Antigua, Davis se encargaba de hacer rebotar las señales que llegaban directamente desde la Luna a Houston. Hace pocos años, el investigador José Luis Hermida y el periodista José Ortiz, tuvieron la oportunidad de hacerle unas preguntas en una televisión local de Sevilla. Sus respuestas son más que desestabilizadoras. Pero, prefiero que sea el lector el que juzgue.

Según Davis, «Armstrong sentía cómo alguien se estaba fijando en él y en su compañero; no veía a nadie, pero estaba convencido de que no estaban solos», cosa que avisó por el circuito de comunicación interno. En Houston restaron importancia al suceso; era natural, teniendo en cuenta el lugar en el que se hallaban los astronautas. Después sucedió lo imposible: «Los astronautas relataron que ante sus ojos habían aparecido ruinas de una construcción hecha por seres inteligentes».

Davis aseguró que pudo contemplar las ruinas por las imágenes que emitieron los astronautas: «Allí no había un sólo muro, sino varios, y por su morfología era completamente imposible que se tratara de un capricho de la geología. Los bloques de piedras estaban muy erosionados, pero estaba claro que aquello era artificial. En alguna de las paredes, a algo más de un metro de altura, había agujeros que recordaban a lo que hoy son nuestras modernas ventanas; también había otro tipo de huecos que estaban cerca del suelo, como si fueran puertas.

La NASA investigó a fondo aquellas ruinas pero no fueron capaces de precisar su antigüedad. Sin embargo, la conclusión a la que llegaron fue clara: una civilización desconocida tuvo hace miles de años una base sobre la Luna, incluso es posible que estuvieran allí antes del nacimiento de la raza humana».

Continúa > >

Página 1 2 3